Una visita de Mr. Scrooge

—Ha llegado Scrooge, querido —anunció Catherine a la puerta entreabierta que se veía al fondo del pasillo—. Lleva todo el día trabajando en esa dichosa historia sobre Martin Nosequé. Ebenezer, a ver si usted es capaz de sacarle de su madriguera.

            El hombrecillo, extremadamente menudo, entregó el abrigo que le ocultaba casi por completo y golpeó con los nudillos la puerta del estudio pero entró sin esperar respuesta.

            —¡Charles Dickens, el hombre más trabajador de Inglaterra! Ni siquiera descansa la víspera de Navidad.

            —¿Navidad? Bah, paparruchas —respondió el escritor mientras remataba una última línea en la página que tenía delante, cubierta de borde a borde por hileras de palabras apenas legibles y violentas tachaduras que convertían el texto en un galimatías.

            —Chuzzlewit parece que se resiste —dijo Scrooge, mientras golpeaba el hombro de su amigo.

            —Es como una condena. Creo que no terminaré nunca esta novela.

            Ebenezer Scrooge sacó del bolsillo interior del chaleco una bolsita de tabaco y la depositó sobre el escritorio.

            —Descansa un rato y fuma una pipa conmigo. A veces, estar ocioso es lo más productivo. Se lo digo a Bob cada día: el exceso de trabajo es el camino más seguro para hacer las cosas mal.

            Bob Cratchit era, desde hacía casi una década, pasante en el despacho del abogado Scrooge; un negocio no demasiado próspero por la tendencia del letrado a defender causas perdidas, comerciantes sin dinero, viudas sin renta, huérfanos sin herencia y, en definitiva, a clientes sin capital alguno con el que pagar sus servicios. Una actitud que Cratchit le recriminaba siempre que tenía ocasión porque, en el deseo de aumentar el caudal de monedas que llegaba al cajón, el empleado aventajaba con mucho al empleador.

            —¿Cómo está el hijo de Cratchit, el pequeño Tim? —preguntó Dickens.

            Scrooge sacudió la cabeza.

            —Muy enfermo. Y lo peor es que su padre no quiere asumirlo; solo piensa en el trabajo. Hoy casi he tenido que llegar a las manos para conseguir que mañana se tome el día libre. ¡Pretendía trabajar al menos medio día de Navidad! No sabe lo afortunado que es por tener una familia. No lo sabe…

            —Creo que valoras demasiado la vida familiar, Scrooge. Se nota que no tienes una esposa y cuatro hijos a los que atender y alimentar.

            Ebenezer Scrooge caminó hasta la ventana y se concentró en la nieve que se acumulaba en la calle, lenta y constante. No quería que su amigo viese cómo se le humedecían los ojos. Hacía ya más de veinte años que su hermana Fan, a la que adoraba, había muerto a consecuencia del parto que había traído al mundo a su sobrino Fred que era desde ese día, puesto que él nunca había creado una familia propia, toda la familia con la que contaba en este mundo. Con Fred y con su reciente esposa iba a compartir la comida de Navidad, una oferta de compañía más que generosa por tratarse de una pareja de recién casados.

            —La Navidad es una bonita época del año —dijo al fin—.Deberías escribir algo sobre ella.

            —¿Un cuento de Navidad? Pero Scrooge, ¿a quién demonios puede interesarle ese tema?

            —A más gente de la que crees. Albert, el esposo de nuestra amada reina Victoria, ha ordenado adornar un enorme abeto en el jardín de palacio. Al parecer, se trata de una costumbre muy apreciada en su Sajonia natal. Pues bien: el éxito es enorme y la muchedumbre se agolpa en el exterior para contemplar el árbol.

            —Bah, paparruchas —repitió Dickens. Pero su cerebro había empezado a calcular las posibles ventas de un relato que, si se aplicaba con tesón, podría escribir en apenas un par de semanas. Además, descansaría durante unos días de ese condenado Martin Chuzzlewit…

            Los dos hombres callaron un instante, concentrados en el aroma que desprendía el tabaco que se quemaba en sus respectivas pipas.

            Catherine entró en el estudio con dos copas de ponche y una bandeja de dulces.

            —¿Ya le ha contado Charles que hace unos días soñó con una historia de fantasmas? Algo realmente aterrador.

            —Mrs. Hogarth, me temo que su esposo no es muy dado a contar lo que pasa por su imaginación. Prefiere escribirlo.

            —No lo imaginé —dijo Dickens—. Fue un sueño, pero tan vívido y real que desperté temblando, te lo aseguro.

            El escritor levantó la mirada tratando de evocar aquello que tanto le había perturbado una cuantas noches atrás.

            —Fue algo extraño —continuó—. No era una de esas historias de fantasmas escoceses de Scott. De algún modo yo estaba presente y los espectros, pues eran más de uno, me zarandeaban, me hacían volar, me llevaban en volandas de un lado a otro, y trataban de decirme algo con sus bocas mudas y sus miradas de infinito terror.

            —Trataban de decirte que no deberías trabajar tanto —bromeó Scrooge, que volvió a mirar por la ventana—. La nieve arrecia: si no salgo ahora, no llegaré a mi casa. Charles, piensa en lo que te he dicho: Navidad, ¡la Navidad es el futuro! —y dicho esto, estalló en una carcajada.

            Una vez que el visitante hubo salido Dickens volvió a su refugio, pero esa tarde no fue capaz de retomar el trabajo. “Navidad”, murmuraba; “Navidad y fantasmas”, repetía una vez tras otra. Finalmente, retomó la pluma, cogió un papel limpio de la resma que tenía delante y escribió ambas palabras y después, sin saber dónde podían llevarle, los nombres de Tim y Bob Cratchit y, al final, en letras bien gruesas, el nombre de su amigo Scrooge.

            Barruntó unos minutos sin dejar de contemplar la página, como si la historia estuviese ya escrita en las fibras del papel. “Bien, ya pensaré algo”, decidió. Y, súbitamente alegre, se acercó al comedor en busca de la cena.

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Yo también tuve un blog de viajes

Hubo un tiempo en que todos teníamos un blog. Igual que ahora tenemos cuenta en instagram y twitter y todo lo demás, teníamos un blog.
El mío era un blog de viajes y se llamaba El viajero lento.


Empezó como empiezan estas cosas: despacio. Con algunos artículos demasiado breves yotros demasiado largos. Con malas fotografías. Con un diseño horroroso (ahora wordpress nos hace la vida más fácil).
Creció y tuvo cierto éxito. La Guía de Oporto, por ejemplo, acumuló más de 250.000 visitas. Y varios artículos superaron ampliamente las 100.000 visitas. Vale, no era National Geographic pero estaba muy bien. Tenía algo de publicidad e incluso artículos patrocinados.
Y llegó 2011. Por X razones (y tras esa X se esconden varias circunstancias externas y algún problema personal que ahora no tienen el menor interés) las entradas del blog no podían actualizarse al ritmo que yo deseaba. No, no era otra web abandonada a su suerte. Pero había que bajar el ritmo. Y yo eso lo llevo mal. Siempre. Total: artículos eliminados, fotografías eliminadas, dominio elviajerolento.com eliminado. Fin.
Hace unos meses, uniendo un poco de suerte y un mucho de tecnología, conseguí recuperar algunos artículos, los leí y pensé que quizá merecía la pena publicarlos. No en otra web: en mi web personal, donde se acumula lo escrito, lo publicado y, de vez en cuando, lo premiado. Al fin y al cabo se trata de artículos escritos y los he escrito yo, ¿no? Tiene su coherencia.
Las fotografías originales ni las conservo ni, de haberlas tenido disponibles, merecían ocupar espacio en el océano de internet.
He actualizado datos y enlaces. En la Guía de París se cuentan cosas de la Catedral de Notre Dame que, ¡ay!, de momento ha dejado de existir.
Y después de esta media docena de artículos antiguos, ¿qué?
Lo advierto: habrá más. Muchos más. Siempre con lugares y rincones que escondan una historia, una imagen, un sentimiento que a mí me interesen y que puedan interesar a alguien más. Nada de grandes expediciones, supongo. No siempre se necesitan para ponerse a escribir. Podéis creerme: el mundo se vuelve un espacio abierto a la aventura en cuanto salimos de las grandes avenidas y recorremos los callejones laterales.
¡Vamos allá!

Mary King’s Close

Conoce la historia de la calle subterránea más famosa de Edimburgo,  lugar de leyendas, fantasmas y apariciones.  Un lugar que no debes perderte si visitas la ciudad… y tienes los nervios preparados.

En el S. XVII, Edimburgo era una de las ciudades más densamente pobladas de Europa. La población había crecido de manera continuada desde la Edad Media y, encerrada entre los muros que rodeaban la ciudad antigua, no encontraba terrenos libres sobre los que construir.  Para contrarrestar la carencia de viviendas los edificios crecieron de manera vertical, una planta sobre otra, en construcciones precarias y poco seguras, llegándose incluso a levantar diez alturas en edificios ideados para soportas tan sólo dos. La altura de las casas sumía a las estrechas callejuelas que discurrían entre ellas en una oscuridad permanente.

La aglomeración urbana y la falta de higiene eran terreno abonado para infecciones y plagas. Miles de ratas se paseaban impunemente por estos callejones, portadoras de enfermedades que pasaban con facilidad al ser humano. Una de las peores epidemias tuvo lugar en 1645. La peste amenazaba con extenderse por toda la ciudad.

Uno de los lugares más castigados por la plaga de ese año fue Mary King’s Close y las calles aledañas. Para evitar la expansión de la enfermedad las autoridades adoptaron una decisión fatal, horrenda: encerrar al vecindario de la zona entre altos muros que impedían la huida de los enfermos, condenando así a toda la población del barrio a una muerte terrible e inexorable.

Al cabo de unos meses, cuando se derribaron los muros, el Ayuntamiento ordenó la recogida de los restos putrefactos de los cadáveres y la limpieza de la zona. Las casas se pusieron de nuevo a disposición de aquellos que quisieran habitarlas.

No tardó en extenderse por Edimburgo el rumor de que extraños sucesos y apariciones se sucedían en Mary King’s Close. Especialmente significativos son los testimonios del abogado Thomas Coltheart y de su esposa, que hacia 1685 aseguraban que recibían frecuentes visitas de animales fantamagóricos, brutalmente deformados; y que varias veces habían visto la cabeza, sin cuerpo, de un anciano con barba gris y mirada pavorosa, flotando en distintas estancias de la casa.

En 1750 se demolieron las plantas superiores de los edificios de Mary King’s Close y alrededores, y sobre los restos de los pisos inferiores se construyeron diversos edificios municipales. De esta forma, las nuevas construcciones enterraban y al mismo tiempo guardaban para la posteridad, escondidas en su subsuelo, estas callejuelas que habían conocido de manera tan intensa el dolor y el espanto.

En las últimas décadas estas calles, ahora subterráneas, se han convertido en una atracción visitable en rutas guiadas. Y, para los interesados, hay que decir que las apariciones y los sucesos extraños continuan registrándose en el lugar.

Especialmente estremecedor resulta el testimonio de una médium japonesa que acompañó a un equipo de televisión a rodar un reportaje a Mary King’s Close. No conocía la tragedia que había tenido lugar en aquellas callejuelas. Al entrar en una de las habitaciones notó un ambiente perturbador y profundamente triste. Al salir sintió un tirón en el pantalón; volvió a la habitación y descubrió a una niña, vestida con harapos y muy pálida, sentada en un rincón. La niña le contó que había muerto en 1645, y que se encontraba muy triste porque había perdido su muñeca. El equipo de televisión le llevó una muñeca nueva. Desde entonces, juguetes de todo tipo, dejados allí por los visitantes, se amontonan en un rincón de la habitación.  Y, desde luego, nadie está dispuesto a retirarlos.

Rennes-le-Château

Un sacerdote con una inmensa fortuna de origen desconocido, una iglesia dedicada a María Magdalena, y fascinantes enigmas en torno al Santo Grial y la posible descendencia de Jesucristo. El origen del megafamoso Código da Vinci. Te lo explicamos todo, y te proponemos una visita a este pequeño y mágico lugar.

Bérenguer Saunière

Bérenguer Saunière llegó a Rennes-le-Chateau el 1 de Junio de 1885, para hacerse cargo como sacerdote de la iglesia del pueblo, dedicada a María Magdalena. Se trataba de una localidad de menos de 300 habitantes, la mayoría campesinos con escasos medios económicos, que de ninguna manera podían aportar el dinero necesario para las reformas que requería la iglesia, muy deteriorada. No tardó mucho el nuevo cura en meterse en problemas: en Diciembre de 1885 el ministerio de Culto le sancionaba con seis meses sin paga por proclamar sus ideas monárquicas desde el púlpito. De esta manera, Saunière terminaba ese año como un sacerdote sin dinero en una aldea pobre.

Pero algo cambia de manera radical en los meses siguientes: a mediados de 1886 comienza la restauración de la Iglesia de María Magdalena. Una obra costosa que el sacerdote podía emprender gracias a la generosa donación de la condesa de Chambord, aristócrata de origen austriaco simpatizante, como él, de la causa monárquica. Si éstos hubieses sido todos los cambios observados en el tren de vida de Saunière, todo tendría una explicación lógica y sencilla, gracias al donativo de la condesa. Pero la reforma de la iglesia no era más que el primer paso en una larga serie de gastos de cuantía extraordinaria.

La decoración de la iglesia la realiza la casa Giscard, de Toulouse. Compra numerosos terrenos (que escritura a nombre de Marie Denarnaud, de la que hablaremos más adelante) y manda construir una enorme casona a la que adosa una torre que utilizará como biblioteca, y a la que bautiza como Torre Magdala (en honor a María Magdalena; también en honor a la patrona de la iglesia llama Villa Betania a la casona y los terrenos que la circundan.) Compra obras de arte, contrata numeroso personal para las sucesivas obras que lleva a cabo, y disfruta de un tren de vida que, ni muy de lejos, pueden explicar los aproximadamente 3000 francos que le había regalado la condesa viuda de Chambord.

La pregunta es obvia: ¿de dónde sale tanto dinero?

Cuando fallece, el 22 de Enero de 1917, Saunière se lleva a la tumba el secreto del origen de su fortuna, dejando vía libre a variopintas hipótesis, de las aparentemente más lógicas a las más descabelladas, increíbles y, sin embargo, fascinantes.

El origen de la fortuna del abate Saunière. La tesis “racional”

¿De dónde procedía el dinero para financiar el suntuoso tren de vida del sacerdote? La más “racional” de las hipótesis dice que el abate se enriqueció dedicándose al tráfico de misas. Tradicionalmente, un sacerdote católico podía ofrecer las misas que celebraba para una intención determinada, habitualmente para rogar por el descanso eterno de los difuntos. Los familiares del fallecido, a cambio, enviaban un donativo. Por extraño que pueda parecer hoy día, esta fue una costumbre muy extendida durante siglos. No era infrecuente que personas adineradas y devotas reservasen parte de su fortuna para misas que debían ser celebradas a su muerte, con la esperanza de que el tránsito al Paraíso les resultase más sencillo.

Se sabe que el obispo de Carcasonne acusó a Saunière de haber cobrado misas no celebradas, castigándole por ello con el traslado a otra parroquia, castigo que el sacerdote de Rennes-le-Chateau no acepta. La pugna dura años: le suspenden en sus funciones, de manera que no pueda celebrar nuevas misas, pero Saunière no se rinde y recurre el castigo ante el propio Vaticano. Al fin, fallece sin que la Santa Sede se haya pronunciado sobre su caso, y sin que él haya dado una explicación convincente al origen de su fortuna. Algunos investigadores han deducido, por medio de diversos documentos de la época (entre ellos los escritos dejados por el propio Saunière) que pudo cobrar en las dos décadas largas que van de 1893 a 1915 decenas de miles de misas (según el escritor Jacques Bedu, especialista en el fenómeno de Rennes, pudieron rondar las cien mil misas.)

El origen de la fortuna del abate Saunière. El tesoro oculto de los cátaros.

Existe otra hipótesis más sugerente, que sería despachada como una fantasía sin pies ni cabeza si no fuese por los datos reales que la hacen, cuando menos, verosímil. Y lo que sugiere esta segunda línea argumental es, ni más ni menos, que el abate se habría enriquecido con el descubrimiento de un tesoro de valor incalculable.

La historia es la siguiente: al desplazar la piedra del altar de su iglesia, Saunière encuentra, guardados en el pilar hueco que sostiene la piedra, unos rollos de madera con varios pergaminos. Imposible conocer el contenido de estos antiguos documentos; pero, al parecer, siguiendo indicaciones escritos en ellos, el cura ordena levantar la losa de piedra situada al pie del altar, que oculta la entrada de una cripta que ha permanecido oculta durante siglos. Según el testimonio de uno de los albañiles que le habían ayudado en la tarea, dentro de la cripta encuentran una gran vasija con “objetos brillantes” en el interior; los albañiles no llegan a saber qué objetos son éstos, pues Saunière los despide sin mayores explicaciones. El 21 de Septiembre de 1891 Saunière registra una lacónica anotación en su cuaderno: “Hallazgo de una tumba.”

Desde ese día el cura comienza a excavar en el cementerio que rodea la iglesia de la Magdalena. ¿Qué busca? Aquí las teorías se multiplican de nuevo. Primera posibilidad: Saunière habría encontrado el mismísimo tesoro de los cátaros. Rennes-le-Chateau está situado en el centro de lo que fue el territorio cátaro, en las últimas décadas del siglo XII y primeras del XIII. Cierto es que las riquezas que habían acumulado los cátaros no aparecieron a la caída de la fortaleza de Montségur, último reducto de los “perfectos”. Por tanto, para los apasionados del misterio de Rennes, la posibilidad de que el tesoro fuese enterrado en el pueblo es perfectamente válida. En definitiva, para los amantes de los misterios y las leyendas, todo es posible mientras no se demuestre, más allá de toda duda, que es imposible.

El origen de la fortuna del abate Saunière. El tesoro “inmaterial”

Pero aún se plantea una última posibilidad aún más impresionante. ¿Y si el supuesto hallazgo no constituía un tesoro material, sino un descubrimiento formidable, capaz de hacer tambalearse los cimientos de las creencias del mundo occidental? Expliquemos con detenimiento el origen de la leyenda y, lo que es más importante, el secreto imponente que habría descubierto Saunière.

La Iglesia de Rennes-le-Chateau fue consagrada de manera oficial en el año 1059; pero su construcción se remontaba a muchos años antes, posiblemente al siglo VIII. Según la leyenda, la Iglesia guardaba los restos de Magdala, esposa de Sigisberto IV, hijo de Dagoberto II, último rey merovingio. La sepultura nunca ha sido hallada, pero la leyenda sirve para entroncar los orígenes de la Iglesia de Rennes con la dinastía merovingia, que gobernó el territorio de la actual Francia entre el 481 y el 679 . Con frecuencia se ha jugado con un origen divino de los merovingios, que serían descendientes, nada menos, que de una posible hija de Jesucristo y María Magdalena. De nuevo la historia y la leyenda se mezclan para contarnos la huída de María Magdalena con su hija desde Judea hasta el sur de la Galia, iniciando esta última el linaje de lo que terminaría convirtiéndose en la dinastía merovingia. No hace falta señalar que este origen divino bien pudo tener como principales impulsores y propagandistas a los propios monarcas merovingios, que buscaban legitimar su poder con un argumento imposible de rebatir.

Bien. Ahora, el descubrimiento de Saunière. ¿Y si la dinastía merovingia no se hubiese extinguido en el S. VII, y hubiese continuado hasta nuestros días como una dinastía oculta? ¿Y si, además, hubiese encontrado los documentos definitivos que acreditaban más allá de toda duda la descendencia de Jesucristo y María Magdalena? Las cantidades “donadas” por las altas esferas de la Iglesia Católica para que el abate guardase el secreto habrían dado, si duda, para sostener la vida lujosa, las obras y los cuantiosas obras de caridad financiadas por Saunière.

Marie Denarnaud.

Al poco de llegar a Rennes, el nuevo cura contrató a una fiel sirvienta, una joven de aspecto más que saludable que no tardó en despertar las habladurías de los vecinos, llamada Marie Denarnaud. Cuando Saunière emprendió su espectacular cambio de vida tuvo en Marie a su fiel ayudante y confidente, y muy posiblemente algo más, si hacemos caso a los feligreses que la llamaban “la señora del alcalde”. Con ella excavó el cementerio de Rennes y a su nombre escrituró algunas de las propiedades que adquirió durante dos décadas largas.

Marie tiene un papel fundamental a la hora de sostener la leyenda en torno al tesoro de Rennes. En su vejez solía repetir una frase enigmática: “los vecinos de este pueblo caminan sobre oro sin saberlo.”

Noël Corbu.

A la muerte de Saunière, en 1917, Marie heredó los bienes y propiedades que habían acumulado. Propiedades que vende en 1946 a Noël Corbu, un comerciante de la localidad que se convierte en su amigo. Si creemos en lo afirmado por el señor Corbu, la por entonces anciana Marie le había prometido, al confiarle él ciertas estrecheces económicas: “no te preocupes, pronto te contaré un secreto que te convertirá en un hombre muy rico.”

Pero el secreto no llegó a ser desvelado nunca, pues Marie se lo llevó a la tumba en 1953, y Noël Corbu se encontró con un magnífico hotel-restaurante construido en Villa Betania que no acababa de resultar un negocio rentable.

Ante esta situación Corbu tiró de las confidencias de Marie, de las leyendas que aún circulaban, si bien muy apagadas, en torno a la figura del abate Saunière, exageró unas cosas e inventó otras y levantó, ahora con nuevo vigor, el misterio de Rennes. Una atracción para turistas, poco importa si con una base real o una pura patraña. Corbu necesita clientes y estas leyendas son la manera de conseguirlos.

Pero, para extender la leyenda primero por toda Francia y luego por el resto del mundo se necesita algo más que los cuentos de un comerciante. Y aquí aparece, como figura fundamental, la pluma afilada del escritor Gérard de Sède.

Gérard de Sède.

Descendiente de una familia monárquica, arruinada en tiempos de la Revolución, Gerard de Sède no es un conservador al uso. Antes al contrario, a pesar de su título aristocrático (es vizconde) rechaza el pacato conservadurismo de sus padres y lleva una vida aventurera y un tanto bohemia.

Buen conocedor de la leyenda del tesoro de Rennes y de las historias de Corbu, es el autor del primer libro de gran éxito en torno a Berenguer Saunière: L’or de Rennes ou la Vie insolite de Berenguer Saunière.

La tesis fundamental de su libro es la que sostiene la ascendencia divina de los reyes merovingios y su pervivencia hasta el S. XX, que serían el contenido de los documentos hallados por Saunière.

Rennes-le-Chateau, hoy.

La leyenda de Saunière y su sirvienta Marie, las historias de Corbu y Gerard de Sede, y las decenas de libros de éxito publicados en los últimos años en torno a este misterio hacen que el pueblo de Rennes reciba cada año varias decenas de miles de visitantes. El número de turistas se ha multiplicado en los últimos años gracias al éxito planetario de El Código da Vinci, que, sin citarlo, tiene como una de sus fuentes primordiales la que podríamos denominar teoría María Magdalena-Reyes Merovingios.

El pueblo tiene en la actualidad 112 vecinos censados (menos que en la época de Berenguer Saunière.) Cuenta con varios alojamientos:

  • Todos los que puedes encontrar en airbnb
  • Les Jendous
  • La Valdieu, un amplio terreno en el que se han reconstruido las casas de lo que fue una pequeña aldea junto a Rennes. Para amantes del yoga, la meditación y el contacto en plenitud con la naturaleza. Comida vegetariana.

En la librería Atelier Empreinte se pueden comprar prácticamente todos los libros que existen en la actualidad sobre el misterio de Rennes.

Villa Betania, sus jardines, la torre Magdala y la capilla de la casa están abiertos de 10,30 a 18,00 h., todos los días, de Mayo a Septiembre. El resto del año, de 11,30 a 17,00 h.

Cómo llegar.

En coche, desde Carcassone se toma la D118 dirección Limoux; al llegar al pueblo de Couiza se toma la D52 hata Rennes-le-Chateau.

En tren se puede ir de Carcassone a Couiza, que se encuentra muy cerca de Rennes (se puede ir en taxi de un pueblo al otro.)

Para los que desean saber más. Bibliografía esencial.

  • L’Or de Rennes, de Gerard de Sède (existe edición en castellano, actualmente descatalogada, pero que se puede encontrar en librerías de viejo; recomendamos www.iberlibro.com )
  • Mythologie du tresor de Rennes, de Renè Descadeillas
  • The Holy blood and the Holy Grail, de Lincoln, Baigent y Leigh (con distintas ediciones en castellano, con el título El enigma sagrado.)
  • L’héritage de l’abbé Saunière, de Claire Corbu

Escapada a Edimburgo

Os proponemos un recorrido por una ciudad que sugiere tanto como muestra, en la que corren paralelas la historia y la leyenda. Ciudad de escritores y fantasmas, capital del whisky y el tartan, reclama del visitante una participación activa para ser disfrutada plenamente. Pasea con nosotros por Edimburgo.

Castillo de Edimburgo. Fotografía de Kevin Phillips

ROYAL MILE

La ciudad crece en torno al eje trazado entre St. Margaret’s Chapell (el edificio más antiguo de la ciudad, dentro del Castillo de Edimburgo) y la Abadía de Holyrood, una milla hacia el este; una línea rodeada de construcciones con siglos de historia, conocida como Royal Mile (o “Milla Real”) En torno a la Royal Mile son numerosos los puntos en los que merece la pena detenerse:

En primer lugar, aclarar que la Royal Mile no es una calle exactamente sino la suma de cuatro calles una a continuación de la otra. Si descendemos desde el castillo, encontramos Castlehill, luego Lawn Market, High Street a continuación, para terminar en Canongate, el último tramo que nos conduce a Holyrrood.
Seguimos, pues, este sentido en nuestro camino, y encontramos en primer lugar Outlook Tower. Alberga la Cámara Oscura, una de las grandes atracciones de la ciudad, en la que se proyectaban imágenes a través de una abertura en la pared de lo que sucedía en el centro de la ciudad. Construida por María Short en 1852, sobre un edificio que data del S. XVII. El invento consiste en una habitación herméticamente cerrada en la que entran los rayos de luz reflejados por los objetos del exterior únicamente a través de un pequeño orificio practicado en una de las paredes. El orificio funciona como una lente y proyecta en la pared opuesta una imagen invertida del exterior. No hay ascensor pero merece la pena el esfuerzo.
Gladstone’s Land. Vivienda del S. XVII, restaurada recientemente. Muestra como era la vida de los ricos burgueses de la ciudad antes que el hacinamiento y las plagas desplazasen a los más pudientes hacia el norte, a la New Town. Como recuerdo del grado de suciedad que alcanzó la ciudad se conservan las calzas de madera que usaban los habitantes de la casa para transitar por calles mugrientas y llenas de barro.
Lady Stair’s House. Alberga un interesante museo sobre la vida y la obra de ilustres escritores escoceses: Walter Scott, Robert Louis Stevenson, Robert Burns…

Royal Mile. Fotografía Eduardo Vieira.

St. Giles Catedral. Desde esta iglesia (cuyo nombre oficial es High Kirk –“iglesia mayor”-) dirigió John Knox la Reforma de la iglesia de Escocia, a mediados del S. XVI. La fachada conserva una torre del S. XV. En el interior destaca la Capilla del Cardo, en la que se rinde tributo a los caballeros de la Orden del Cardo, vivos y fallecidos.
Parliament House. Construido en 1639 para albergar el Parlamento escocés, ha sido sede del Tribunal Superior de Justicia desde 1707 (para su perfecta localización, se encuentra justo detrás de St. Giles)
La Cruz de Mercat. Situada junto a St. Giles, señala el centro de la ciudad. Aquí se proclamó rey en 1745 al último de los Estuardo pretendientes al trono: Charles Edward Stuart, más conocido como Bonnie Prince Charlie (Bonnie = guapo)
Tron Kirk. Iglesia construida en 1630 por los sacerdotes que decidieron abandonar St. Giles cuando éste quedó a cargo del obispo de Edimburgo.
Casa de John Knox. Es la casa más antigua de la ciudad. Se levantó a mediados del S. XV, y fue el hogar del reformador John Knox a partir de 1560. En el piso superior del edificio se exponen recuerdos de su vida.
Museum of Chilhood (Museo de la Infancia). Expone juguetes, libros, muebles, medicinas, y en general todo lo relacionado con el mundo de la infancia. No hay que perdérselo (para más información pulsa aquí.)
Canongate Toolbooth. The people Story Museum. Museo dedicado a la vida de la gente corriente de la ciudad, recoge manifestaciones variadas de la vida social del pueblo de Edimburgo: de las enfermedades al fútbol, de las revueltas y protestas populares al pop y el rock.

CASTILLO DE EDIMBURGO

Construido a partir de una primitiva fortaleza edificada en el S. VI por el rey Edwin de Northumbria, monarca que da nombre a la ciudad. Las murallas encierran en su interio diversos edigficios. Antes de entrar en el Castillo cruzamos la explanada en la que se celebra el famoso Military Tattoo. Este espectáculo tiene lugar cada mes de Agosto, como parte de las actividades del festival de Edimburgo. Se trata de un espectacular desfile de bandas militares británicas y bandas invitadas de los ejércitos de otros países. El momento más emotivo es el pibroch, la interpretación de una melodía por un gaitero desde las murallas del castillo.

Dentro del castillo hay que destacar:
Argyle Battery: Desde esta parte de la muralla podemos disfrutar de una vista espectacular de New Town, la ciudad nueva.
St. Margaret’s Chapell. La capilla está dedicada a Margaret, madre del rey David I, que ordenó construirla a finales del S. XI. Es el edificio más antiguo de la ciudad.
Casa del Gobernador. Construida en 1742, hoy es el comedor de oficiales.
Salón. Levantado en el S. XV, aquí se reunía el Parlamento escocés hasta 1639, fecha en que se construyó Parliament House.
Palacio. Situado en el centro del recinto amurallado, en el palacio se guardan las Joyas de la Corona escocesa y la Piedra del Destino, reliquia de los antiguos reyes de Escocia con un enorme valor simbólico.

HOLYROOD PALACE

Construido por orden de Jacobo IV en 1498, sobre el terreno que ocupaba la Abadía de Holyrood, y renovado por Carlos II en 1670. Durante el reinado de Bonnie Prince Charlie, último de los reyes Estuardo, el palacio acogió fiestas lujosas y toda la suntuosidad de una gran corte europea. Pero no todo han sido fiestas en la historia del palacio. En una sala de la torre de Jacobo V presenció María Estuardo, embarazada en aquel momento, el asesinato de su secretario. Corría el año 1566 y… bueno, María Estuardo merece unas líneas aparte.

María Estuardo, reina de Escocia:

Nació el 8 de diciembre de 1542, siendo la única superviviente de los hijos del rey Jacobo V de Escocia. Jacobo V murió prematuramente en 1542, a la edad de treinta años, probablemente de cólera, aunque en su tiempo se extendiese la leyenda de que había muerto por la pena y la humillación que suponía la derrota de los escoceses por el ejército inglés en la batalla de Solway Moss. La pequeña María, de apenas seis días de edad, fue proclamada reina de Escocia, con James Hamilton, II conde de Arran, como el siguiente en la línea sucesoria y regente del reino durante la minoría de edad de la reina (situación que duró hasta 1554, cuando la madre de María, María de Guisa, se hace con el poder, continuando ella como regente hasta 1560). A los seis meses de su nacimiento, en julio de 1543, los tratados de Greenwich prometieron a María en matrimonio con Eduardo, hijo del rey Enrique VIII de Inglaterra, decidiéndose que sus herederos ocuparían los tronos de Escocia y de Inglaterra. Este tratado de buenas intenciones se rompe al poco tiempo: María de Guisa se retracta y se opone a este matrimonio. La regente y María se esconden en el castillo de Stirling.

Coronaron a María como reina de Escocia en la capilla real del castillo de Stirling el 9 de septiembre de 1543. La niña tenía nueve meses.

Tras la ruptura de los tratados de Greenwich, Enrique VIII quiso cumplir por la fuerza el compromiso nupcial de su hijo Eduardo con María de Escocia para la unión de las dos coronas.Para lograrlo, llevó a cabo una serie de incursiones militares en territorio El rey francés, Enrique II, estaba dispuesto a ayudar a madre e hija, casando a la pequeña reina con su hijo, el delfín Francisco. Se firmó un acuerdo nupcial y María fue enviada a Francia. La pequeña contaba tan sólo cinco años de edad. María Estuardo y su madre no volvieron a verse jamás.

En 1558 se casó con Francisco en la catedral de Notre Dame en París, y, a la muerte de Enrique II en 1559, se convirtió en reina de Francia al acceder su marido al trono como Francisco II de Francia. Bajo las leyes ordinarias de sucesión, María era también la siguiente en la línea al trono inglés después de su prima, la reina Isabel I de Inglaterra, que no tenía hijos. Sin embargo, según la religión católica, Isabel era bastarda, lo que convertía a María en la legítima heredera del trono inglés. Sin embargo, de acuerdo al Acta de Sucesión, la voluntad de Enrique VIII excluía explícitamente a los Estuardo de la sucesión al trono inglés.

Al fallecimiento de su esposo Francisco II, la suegra de María, Catalina de Médicis, se convirtió en la regente de Francia por la minoridad de su segundo hijo y ahora rey Carlos IX. Francia emprendió la retirada de sus tropas de Escocia y reconoció el derecho de Isabel I de gobernar Inglaterra. La joven reina María, de 18 años de edad y aún en Francia, rehusó a ratificar con su firma este reconocimiento.La reina viuda volvió a Escocia en 1561. La religión había dividido al pueblo, y el hermano ilegítimo de Maria, Jacobo Estuardo, lideraba la facción protestante. María, católica devota, era mirada con suspicacia tanto por sus súbditos como por Isabel I.

El reformador protestante John Knox predicó contra Maria, condenándola por asistir a misa, por llevar una vida “licenciosa” y otras numerosas acusaciones, en muchos casos completamente falsas. No obstante, mantuvo a su medio-hermano Jacobo como su principal consejero.

En 1561 María invitó a su prima Isabel I a visitar Escocia, pero Isabel rehusó y las malas relaciones continuaron entre ellas. En diciembre de 1561, se llevaron a cabo negociaciones para que ambas reinas se pudieran conocer, esta vez en Inglaterra, pero Isabel cambió al final de idea.
En 1565 María se casó con Enrique Estuardo, conocido como Lord Darnley, descendiente como ella del rey Enrique VII de Inglaterra y primo suyo. Esta unión, con uno de los principales líderes católicos, precipitó que el medio-hermano de María, Jacobo, organizara con otros lores protestantes la rebelión abierta. María se refugia una vez más en el castillo de Stirling. Los nobles rebeldes son derrotados y tienen que marchar al exilio. El matrimonio también enfureció a Isabel, pues sentía que ella debería haber dado su consentimiento para la unión, pues Darnley era un noble inglés. Isabel se sentía amenazada por la unión debido a que con la sangre real escocesa e inglesa de Darnley, cualquier hijo de María y Darnley tendría una sólido derecho a los tronos de Escocia e Inglaterra (como efectivamente pasó años más tarde).

Poco tiempo después, María quedó embarazada, pero Darnley pronto se convirtió en un obstáculo para la reina, exigiendo con energía que se le diera el título de «rey». También estaba celoso de la amistad que había entre la reina y su secretario privado, David Rizzio. En marzo de 1566, Darnley participa en una conspiración secreta para asesinar a Rizzio mientras estaba conversando con la reina en el palacio de Holyrood. Esta acción fue el motivo definitivo para la ruptura de su matrimonio. La reina estaba embarazada de Jacobo, que sería rey de Inglaterra y Escocia.

Tras el asesinato de Darnley en un confuso atentado, María se casó por tercera vez con Bothwell, un aventurero mal visto por los nobles. Levantados éstos contra la reina, los recién casados se enfrentaron a los lores en Carberry Hill, pero al final no hubo batalla porque María acordó acatar sus órdenes con la condición de que dejaran marchar a Bothwell. Los nobles rompieron su promesa y la llevaron a Edimburgo, encarcelándola en el castillo de Loch Leven, Finalmente la forzaron a abdicar del trono escocés en favor de su hijo Jacobo, de apenas un año de edad.

El 2 de mayo de 1568, disfrazada de lavandera, logra escapar de Loch Leven y levanta un ejército para recuperar el trono. Es derrotada en la batalla de Langside. Huye a Inglaterra, donde es capturada por los oficiales de Isabel I.

Después de dudar sobre la cuestión de la participación o conocimiento de María en la conspiración para asesinar a Lord Darnley, segundo marido de María, Isabel ordena una investigación que finalmente conduce a un juicio. Fue realizado en York entre octubre de 1568 y enero de 1569. La investigación tuvo un marcado carácter político porque Isabel no deseaba condenar a su prima por asesinato. María rechazaba reconocer la potestad de ninguna corte extranjera de intentar acusarla. Isabel consideraba los derechos de María al trono inglés como una amenaza seria, y por ello la mantuvo prisionera durante los siguientes dieciocho años.

En 1572, el Parlamento, a órdenes de la reina, introdujo una ley que eliminaba a María de la sucesión al trono inglés. Isabel, de manera inesperada, rechazó darle el consentimiento real. En realidad lo que Isabel deseaba era la ejecución de María. La acusaba de haber estado implicada en varias conspiraciones para asesinarla, de levantar el norte católico de Inglaterra, y de tratar de apoderarse del trono, posiblemente con ayuda francesa o española. María fue encontrada culpable de traición por una corte de cerca de 40 nobles, incluyendo católicos, después de estar implicada en la supuesta conspiración de Babington, donde ella habría dado su autorización para asesinar a Isabel. La decapitaron el 8 de febrero de 1587. María eligió usar un vestido rojo, declarándose una mártir católica. Tenía 45 años de edad.

Para los amantes de las curiosidades un pelín morbosas, cabe decir que la ejecución fue un desastre. Se dice que se necesitaron dos (o, según algunas fuentes, hasta tres) golpes para cortar su cabeza. Una de las leyendas en torno a la ejecución, que nunca se ha podido comprobar, es la que cuenta que cuando el verdugo tomó la cabeza para mostrarla a los presentes, se descubrió que María usaba peluca. El verdugo se quedó con la peluca en las manos, mientras que la cabeza rodó por el piso.

María fue sepultada inicialmente en la Catedral de Peterborough, pero en 1612 sus restos fueron inhumados por orden de su hijo, el rey Jacobo I de Inglaterra, quien la enterró en la abadía de Westminster. María Estuardo e Isabel I nunca se conocieron. Están enterradas a apenas 10 metros una de la otra.

NEW TOWN

Construida en diferentes fases a partir del S. XVIII, con el fin de acoger a las familias más acomodadas de Edimburgo, que huían del hacinamiento de la ciudad vieja, el proyecto inicial fue impulsado por el alcalde Drummond. El paseo que te proponemos comienza en el puente Dean Bridge y termina en la colina de Calton Hill.

Dean Bridge: Cruza sobre el barranco por el que circula el Water of Leith, un pequeño riachuelo que corre por el lado oeste de New Town.

Moray Place: Plaza rodeada por hermosas casas de principios del S. XIX, obra de James Gillespie Graham.

Castle Street: En el 39 de esta calle vivió el escritor Walter Scott.

Bute House: En Charlotte Square, es la residencia oficial del Primer Ministro del Parlamento escocés (el equivalente escocés al 10 de Downing Street.)

Princess Street: Larga calle que separa Old Town y New Town. En el lado sur de la calle se encuentran los Princess Street Gardens, preciosos jardines a la sombra del Castillo.

Scott Monument: Erigido tras la muerte del escritor, al sur de Princesa Street. Se trata de una gran torre gótica, obra de George Meikle Kemp. Tiene una altura de 61 metros. En la base de la torre hay una escultura que representa al homenajeado, obra del escultor Sir John Steell.

Monumento a Walter Scott. Fotografía Eduardo Vieira

Calton Hill: En esta colina, desde la que podemos gozar de una inmejorable vista de la ciudad, se encuentra el Monumento a Nelson, que conmemora la victoria británica en Trafalgar (sí, en efecto, en Londres hay otro: orgulo británico) También encontramos el City Observatory, un antiguo observatorio astronómico obra de William Playfair (se puede visitar, previa solicitud.) El diseño arquitectónico del observatorio se inspira en la Grecia Clásica. También sigue los cánones griegos otra construcción que encontramos en Calton Hill: una especie de partenón cuyo destino era homenajear a los caídos en las guerras napoleónicas. Se empezó a construir en 1822; pero al cabo de un tiempo se acabó el presupuesto, la construcción se detuvo, y así quedó la cosa para siempre.

Frente a Calton Hill se encuentra el Old Calton Cemetery, cementerio que acoge el descanso eterno del filósofo David Hume. Disfrutarás más intensamente la visita si eliges un lluvioso y solitario anochecer del invierno. Impresiona más.

LEITH

El puerto de la ciudad. En 1920 dejó de ser un pueblo y quedó unido a la ciudad como un barrio más. Conserva varias casas de mercaderes del S. XIV en su casco medieval. Hoy en día, con la actividad portuaria notablemente reducida, Leith se ha convertido en zona de oficinas; cuenta además con algunos de los restaurantes y marisquerías más interesantes de Edimburgo.

FESTIVAL DE EDIMBURGO
Si visitas la ciudad en Agosto, ésta te mostrará su cara más alegre y multitudinaria. En 1947, con el fin de paliar las penurias de la posguerra, las autoridades organizaron este festival que se celebra desde entonces. Teatro, ópera, danza, conciertos, la oferta cultural es inabarcable. Además del festival oficial se celebra el Fringe, festival alternativo que lleva los espectáculos a la calle. La oferta se amplía con el Festival del Libro, que se desarrolla principalmente en la zona de Charlotte Square Gardens.; también con el Festival de Jazz. Para los que quieran más información:

Festival de Edimburgo

Fringe


DE COMPRAS POR LA CIUDAD

Tejidos: Se pueden comprar (no siempre a buen precio, pero con excelente calidad) jerseys de lana de las islas y estupendas alfombras de pelo de oveja.

Tartan: Los diferentes clanes escoceses tienen como sello distintivo una combinación de cuadros de tamaños y colores específicos que le son propios. El registro oficial de los diferentes tartan se inició en 1815.

Haggis: Plato típico escocés que se elabora a base de asaduras de cordero u oveja (pulmón, hígado y corazón) mezcladas con cebollas, harina de avena y especias. Todo ello embutido dentro de una bolsa hecha del estómago del animal y cocido durante varias horas. Se suele acompañar de un puré de patata y col. Es un plato contundente, pero hay que probarlo.

Y por supuesto… Whisky: El país del whisky es Escocia, y la tierra del whisky el norte de Escocia, pero en Edimburgo se puede comprar absolutamente cualquier Whisky escocés, como es lógico. Los dos tipos principales son el Single Malt y el Blended (en el que se mezclan distintos tipos de malta.)

4 días en París

¿Dispones de cuatro días libres? Aprovéchalos para recorrer la mítica Ciudad de la Luz. El recorrido que te proponemos es adecuado para una visita de cuatro días (siempre que seas un viajero resistente y amigo de las grandes caminatas.) Por supuesto, se trata de un recorrido orientativo que puedes cambiar, organizar, ampliar o reducir a tu antojo. Ya sabes: lo importante es disfrutar. Para ayudarte a conseguirlo, además de este recorrido te facilitamos unas cuantas informaciones muy prácticas.

Pirámide del Louvre. Fotografía de Adam Derewecki

Pulsa aquí para conocer el plano de Metro de París, así como su red de autobuses. 

DIA 1

ILE DE LA CITÈ:

Corazón histórico de París. En esta isla se instaló la tribu celta de los parisii hacia el S. II antes de C. Podemos acceder a la isla cruzando el Pont-Neuf, el más viejo de los puentes que se conservan en París. Enrique III colocó la primera piedra en 1578, aunque lo inauguró Enrique IV en 1607. En el puente tienen su negocio los bouquinistes, libreros de viejo que montan sus tenderetes sobre el puente. En la isla se encuentra el Palais de Justice; la Concergierie, antigua prisión de la que partieron al encuentro con la guillotina más de dos mil condenados durante la llamada Ëpoca del Terror que siguió a la Revolución de 1789 (aquí pasaron su última noche Danton, Robespierre, María Antonieta y una larga lista de ilustres y no tan ilustres futuros decapitados.) También, la Sainte-Chapelle, iglesia gótica construida por orden de Luis IX a principios del S,.XII, para guardar en ella las reliquias de la Corona de Espinas y un fragmento de la Santa Cruz.

Pero la verdadera joya de la Ile es Notre-Dame.

Este artículo fue escrito en su primera versión en 2007. En la tarde del 15 de abril de 2019 sufrió un incendio que destrozó la catedral desde los cimientos. Una de esas pérdidas que hacen el mundo un poco más pobre. Las obras de restauración parece ser que avanzan a buen ritmo y alguna vez podremos visitarla de nuevo. Mientras tanto, prefiero hablar del monumento y su historia como si nada hubiese pasado, guardando en el recuerdo la emoción que supuso cada visita.

  En esta iglesia Napoleón se autocoronó emperador en 1804, y el general De Gaulle anunció aquí la liberación de Francia en 1944. Antes que ellos, por sus naves habían caminado María Estuardo para contraer matrimonio, y entre sus arcos se habían cruzado las primeras miradas Abelardo y Eloisa. Iniciada su construcción en 1163 nos e concluyó hasta mediados del S. XIV. Destaca la fachada, con las dos torres laterales inacabadas, y el impresionante rosetón central, terminado en 1220. Desde la cima de la torre puede verse de cerca la enorme campana de 13 toneladas, llamada Bourdon de Notre-Dame (y los más románticos pueden imaginar al Jorobado observando desde allí las facultades danzarinas de la bella Esmeralda, versión Víctor Hugo o Walt Disney, siempre a gusto del visitante.)

Notre Dame. Fotografía de Stefaan Van der Biest

ABELARDO Y ELOISA

Eloísa era sobrina de Fulberto, canónigo de la Catedral de París. Este confió la educación de la joven a Abelardo, filósofo de notable prestigio. Enamorados profesor y discípula, durante unos años mantuvieron su relación en secreto, (1117-19). Pero el secreto se descubre al surgir una complicación imprevista: Eloísa espera un hijo.Abelardo secuestra a su amada y la lleva a casa de su hermana en Le Ballet. Fulberto exije el matrimonio, que acaba celebrándose en secreto; pero el secreto dura poco, y al cabo de algún tiempo la noticia del matrimonio circula por París (se supone que difundida por el propio tío de Eloisa, para salvaguardar el honor de la joven.)  Abelardo,  fue decapitado, envía a Eloísa a un monasterio. Fulberto, sintiéndose engañado, ordenó un castigo ejemplar para Abelardo: sobornó a un criado del filósofo y, con este y otros cómplices, entraron en el cuarto de Abelardo y  le castraron. Abelardo, como es lógico, quedó muy traumatizado por este hecho, aunque pasado algún tiempo retomó sus clases y desarrolló una brillante y muy polémica carrera. Eloísa, por su parte, se retiró a Paracleto, donde fundó un Convento en el que murió siendo abadesa. Los dos amantes están enterrados, juntos, en el cementerio de Père Lachaise.
 

Por la tarde te proponemos una visita al mítico barrio de MONTMARTRE.

 En la colina de Montmartre fue decapitado Saint Denis, primer obispo de la ciudad. Según la leyenda, tras la decapitación, recogió su cabeza y caminó colina abajo hasta caer desplomado en el lugar donde sus fieles debían construir un templo  su memoria (la actual catedral de Saint-Denis, en la Place Victor Hugo, en las afueras de París.)  Pero Montmartre no es famoso como emplazamiento idóneo para decapitaciones de santos, sino como barrio de aire bohemio y espíritu artístico contrastado. En Montmartre vivían a finales del S. XIX Degas,  Cezanne, Monet, Van Gogh… Treinta años después llegaría la segunda generación de artistas “made in Montmartre”, los Picasso, Juan Gris, Modigliani, et alii, para completar la leyenda. En el Bateau Lavoir, edificio algo menos que modesto, pintó Pablo Picasso Las Señoritas de Avignon; el Bateau Lavoir quedó destruido por un incendio a principios de los 70. Se reconstruyó posteriormente, pero claro, ya no es lo mismo. Lo que sí se conservan son algunos cafés y cabarets de la época, como el Lapin Agile y el archiconocido Moulin Rouge (el de la peli, el de los cuadrod de Toulouse-Lautrec, el que ha presentado en su escenario a los más grandes, de Edith Piaf a Josephine Baker, de Yves Montand a Charles Aznavour)

Hoy, las calles de Montmartre son un agradable recorrido entre terrazas de bares y restaurantes y pequeñas exposiciones callejeras de artistas y pseudoartistas, que intentan sacar partido a la favorable disposición que la atmósfera del barrio suele crear en el visitante.

LOS VINOS DE MONTMARTRE

En la colina de Montmartre se conserva un pequeño viñedo (en el año dos mil tenía unas mil ochocientas vides) del que se extrae vino para unos cuantos miles de botellas, más apreciadas, como es lógico, por su valor pintoresco y turístico que por su calidad. Pero no siempre fue así. En las laderas de la colina y en los terrenos cercanos se cultivaros durante siglos viñedos abundantes, en los que se producía más vino que en otras regiones famosas por sus caldos, como Borgoña. Sirva como dato decir que en 1436, el rey Carlos VI pudo pagar con la venta del vino cosechado en Montmartre a las tropas reclutads para enfrentarse al ejército inglés.   

SACRE-COEUR:

Situada en el punto más alto de Montmartre y de toda la ciudad, lo primero que llama la atención de la Basílica es la blancura de la piedra, que resiste la contaminación y el paso del tiempo. Al parecer, esto se debe a que la piedra desprende depósitos de cal blanca cuando llueve. Se trata de una construcción relativamente reciente: las obras se comenzaron en 1876, tras la derrota de Francia en la guerra franco-prusiana.

DIA 2

MUSEO DE LOUVRE

(Metro: Palais Royal)

(Abierto todos los días de 9 a 18 h.  –  Gratuito el primer Domingo de cada mes)

Desengáñese: es imposible visitar el Musée du Louvre por completo. Resulta difícil aceptarlo, pero sólo dispone de unas horas para visitar uno de los museos más impresionantes del mundo. Por tanto, pongamos un poco de orden. Primero, unas líneas de historia: el Louvre se construyó, allá por el lejano 1190, como fortaleza amurallada, y como tal funciona hasta que en el S. XIV Carlos V ordena la conversión de la fortaleza en residencia real. Posteriormente, Enrique IV amplía el palacio y une el Louvre y el Palais des Tuileries, que en aquel entonces quedaba fuera de las murallas de París.La vida “artística” del palacio comienza a principios del S. XVII, cuando Enrique IV ofrece a los artistas espacio y protección. Y son los artistas quienes se adueñan del palacio cuando Luis XIV traslada la Corte a Versalles. El museo propiamente dicho nace en 1793, tras la Revolución Francesa, como Museo Central de las Artes.

Y ahora, la visita: enumeramos aquello que no deben perderse, lo verdaderamente imprescindible. Del resto, ¡ay!, aprovechen el tiempo de la mejor manera posible.

1. La Pirámide de Ming Pei. Inaugurada en 1989 es la entrada al museo. Antes se formaban largas colas para entrar, pero la Pirámide ha solucionado el problema en parte. Tiene 21,6 metros de altura; su constucción provocó un vivo debate, por el contraste entre el clasicismo del edificio y el estilo vanguardista del diseño de Pei. En cualquier caso se ha convertido en un icono reconocible por todo el mundo.

2. Antigüedades

Una buena manera de comenzar la visita es contemplar la sección de antigüedades del museo. En la sección egipcia , las primeras salasestán dedicadas a objetos de la vida cotidiana: escritura, joyas, juegos… A continuación encontramos una gran sala con enormes columnas y estatuas (sala 12), en la que no hay que perderse el relieve Ramses II entre los dioses. La colección continúa en el piso superior. En la sala 22 encontramos la escultura Escriba sentado.

Continuamos la visita por la sección de antigüedades griegas. Enseguida encontramos a dos de las estrellas del museo: la Venus de Milo y la Victoria de Samotracia. La Victoria fue hallada por el cónsul francés Charles Champoiseau en 1863, en la pequeña isla griega de Samotracia. Se trata de una ofrenda de los ciudadanos de Rodas, como agradecimiento a los dioses por una victoria naval, posiblemente en la batalla de Myonnisos. La escultura data del S. II antes de Cristo, y se trata de una obra que muestra una gran teatralidad, con una lograda sensación de movimiento.En cuanto a la Venus de Milo, fue hallada en la isla de Milo en 1820. No se sabe con exactitud qué diosa representa; por la sensualidad de sus formas y su semidesnudez podría tratarse de Afrodita, aunque también podría ser Anfitrita, una de las ninfas, adorada en la isla. Se considera que fue esculpida en el S. II a. de C., siguiendo las pautas de la escultura clásica griega de épocas anteriores.

Entre las antigüedades etruscas destaca, sobre todo, el Sarcófago de los esposos de Cerveteri. (sala 18.)
De las antigüedades romanas cabe destacar diversos bustos y esculturas de emperadores: Agripa, Marco Aurelio, Nerón;  la estatua de Mesalina con Británico, niño, en sus brazos;  y el llamado Sarcófago de las Musas, fuente de inspiración para artistas modernos (el poeta Paul Claudel le dedicó la primera de sus cinco «Odas»)

3. Pintura.

La pintura en el museo se divide en tres secciones principales: 

– Pintura francesa hasta el S. XIX. No hay que perderse los cuadros más representativos de las dos corrientes principales de la pintura del XIX: escuela Romántica (La balsa de la Medusa, de Géricault;  La muerte de Sardanápalo, de Delacroix) y escuela Neoclásica (La coronación de Napoleón, de Jacques-Louis David)

– Pintura del norte de Europa:  Destacan las pinturas de Vermeer (principalmente La encajera  y  El geógrafo) y las telas pintadas por Rubens para el Palais de Luxembourg, que se exponen en la Galería Medicis.

– Pintura italiana: No hay que perderse Las bodas de Canaa, de El Veronés;  La Virgen y el Niño, de Leonardo Da Vinci;  y la gran vedette del espectáculo: La Gioconda, más de actualidad que nunca gracias al fenómeno «Código Da Vinci», que arrastra al Museo (y a otros escenarios de la ciudad reflejados en la novela) a una nueva legión de seguidores del misterio histórico.

UN PASEO EN BARCO

Para relajarse de la visita al Louvre, nada mejor que un paseo en barco por el Sena. Son varias las empresas que ofrecen este servicio (más abajo ponemos enlace con la web de algunas de ellas.) Este recorrido permite ver muchos de los monumentos de la ciudad alineados a lo largo del río. También resulta muy llamativo si se hace el recorrido de noche, con los edificios estupendamente iluminados. Existe un servicio municipal, el Batobús, con paradas en Torre Eiffel, Museo de Orsay, Louvre y Notre Dame.

Enlaces:

Bateaux Mouches

Bateaux Parisiens

TORRE EIFFEL

Diseñada por Gustave Eiffel para la Exposición Universal de 1889, su destino era ser demolida veinte años después. Dos factores vinieron a salvarla: el primero, la popularidad que adquirió en breve tiempo entre los parisinos y los visitantes de la ciudad (a pesar de la actitud crítica de muchos ilustres ciudadanos de la época, como Maupassant, que solía comer en el restaurante Jules verne, situado en el segundo piso de la Torre, por ser el único lugar de la ciudad desde el que no la veía); el segundo factor fue la invención de la comunicación por radio, pues la torre constituía una antena incomparable. 

Los precios de la entrada varían según la altura a la que se quiera llegar. El restaurante (Le Jules Verne) es caro. Pero quien quiera y pueda pagar el cubierto disfrutará de excelente cocina francesa con una vista espectacular de la ciudad.

UN PASEO POR MONTPARNASSE Y SAINT-GERMAIN

(Metros: Odeon/Montparnasse   –   Saint Germain des Pres)

Durante décadas, este barrio fue el centro de la intelectualidad parisina. En el Cafe de Flore, en Les Deux Magots o en la Brasserie Lipp se reunían Sartre, Simone de Beauvoir, Raymond Aron… pero también escritores y artistas extranjeros que llegaban atraidos por el brillo cultural de la ciudad: Hemingway, Scott Fitzgerald, John Dos Passos o Ssamuel Becket escribieron (entre trago y trago, digámoslo todo) muchas de sus páginas en las calles de Montparnasse. El barrio es aún hoy el centro de la industria editorial francesa, y merece la pena visitar las numerosas galerías de arte de la Rue de Seine y la Rue de Beaux Arts; pero Montparnasse ha cedido gran parte de su encanto intelectual al consumo, y muchos de los mejores locales están ocupados por tiendas de moda: Cartier. Louis Vuitton… Al fin y al cabo, la alta costura también forma parte esencial de la cultura parisina.

No hay que perderse la iglesia románica de St. Germain des Pres, la más antigua de la ciudad, en la que está enterrado Renè Descartes; tampoco el Jardin de Luxemburgo, creado en el S. XVII por orden de María de Medicis; ni; por supuesto, la Iglesia de St. Sulpice, con su chapelle de Saints Anges, decorada por Eugene Delacroix.

DIA 3

MUSEE D’ORSAY

(Metro: Solferino)

(M, X, V, S y D,  de 9,30 a 18 h.   –   Jueves de 9,30 a 21,45 h.)

Antes que un museo Orsay fue la Gare d’Orsay, la estación de la que partían los trenes hacia el sudoeste del país. El enorme edificio ue albergaba la estación, inaugurado en 1900, se construyó con un cuidado equilibrio entre la funcionalidad del uso al que estaba destinado y una estética acorde con el entorno aristocrático de la zona. Rodeando la estación se construyó un hotel con 370 habitaciones. A partir de 1939, hasta los años 60, el edificio tuvo usos muy variados (fue incluso un estudio de cine.) En 1977 se decidió convertir la estación en un museo que recogiese obras maestras del periodo que cubre desde mediados del S. XIX hasta 1915, unas décadas clave en la historia de la pintura mundial.

El museo se divide en dos plantas. En la planta baja encontramos las  pinturas y esculturas más antiguas, fechadas hasta 1870. No hay que perderse: La danza de las ninfas, de Corot;   Las espigadoras, de Millet; y El origen del mundo, de Gustave Courbet, muy polémica y no espuesta durante décadas por su sexualidad explícita.

En la planta superior encontramos a los pintores impresionistas: Renoir, Monet, Manet, Pissarro, Degas, Paul Cezanne, Gauguin… la generación que revolucionó la pintura, los descubridores de un nuevo mundo para el arte, liberado para siempre de las estrictas normas académicas y los rígidos cánones estéticos. En este piso no hay que perderse Merienda campestre (Monet),  Le Moulin de la Galette (Renoir),  Bailarinas azules (Degas),  La estacion de Saint Lazare (Monet),  Jugadores de cartas (Cezanne.)

Por último, Orsay nos permite disfrutar de algunas de las mejores pinturas de un genio universal: Vincent van Gogh: por ejemplo, los famosos Noche estrellada  o  Iglesia de Auvers-sur-Oise

LES INVALIDES

(Metro: Varenne)

Construido por Luis XIV como hospital de veteranos, hoy en día la fama del monumento reside en que alberga la tumba de Napoleón, cuyo cuerpo fue trasladado a París desde Sant Elena en 1840. En Les Invalidesencontramos tres museos: el Musee de l’Armée, uno de los mayores museos militares del mundo;  el Musée des Plans-Reliefs, con maquetas de fortificaciones, algunas del S. XVII;  y el Musée de l’Ordre de la Liberation, creado por De Gaulle para honrar a quienes luchron contra los nazis durante la ocupación de Francia.

Por cierto, las cenizas de Napoleón reposan dentro de seisúdes, uno dentro de otro: dos de plomo, y uno, respectivamente, de hierro, caoba, ébano y roble.

LE PANTHEON

(Metro: Cardinal Lemoine)

Construido como iglesia por orden de Luis XV, el edificio se terminó en 1790, un año después de la Revolución; las nuevas autoridades prefirieron consagrar el edificio como «templo de la nación» y no como templo religioso, y fue destinado a coger los restos de los más ilustres ciudadanos de Francia. En el Pantheon fueron enterrados Voltaire y Rousseau. Posteriormente fue iglesia durante unos años, en el S XIX. Pero a partir de 1885, con el apoteósico funeral de Victor Hugo, se decidió su uso definitivo como mausoleo para los grandes hombres de la nación. Junto a los antes citados reposan los restos de personajes como Zola o Marie Curie.

Si subimos hasta la cúpula disfrutaremos de unas estupendas vistas de la ciudad.

DIA 4

CENTRO GEORGE POMPIDOU

(Metro:  Chatelet)

Edificio vanguardista, diseñado por los arquitectos Richard Rogers y Renzo Piano. El edificio alberga una enorme biblioteca; el centro de Creación Industrial, dedicado a investigación en el ámbito de la arquitectura y el urbanismo; el Instituto de Investigación y Coordinación Acústicomusical, que investiga la música contemporánea; y, lo más famoso del edificio, el Museo Nacional de Arte Moderno. Podemos afirmar que este museo continua el recorrido por la historia de la pintura y la escultura allí donde lo dejamos en el Museo d’Orsay. Hay una colección permanente y frecuentes exposiciones temporales. En el museo encontramos brillantes ejemplos de todas las vanguardias del S. XX: pop-art,  fauvismo,  cubismo…

Difícil seleccionar obras imprescindibles. Autores, prácticamente todos los grandes del siglo pasado: Picasso, Tapies, Saura, Barceló, Chagall, Jean Arp, Duchamp, Modigliani, Francis Picabia…

 PLACE DE LA CONCORDE

(Metro: Concorde)

Nos situamos en el centro de la plaza. Miramos hacia arriba, en dirección al imponente Arco de Triunfo. Entre ambos puntos, los Campos Elíseos. Puro espectáculo visual, resumen en un solo vistazo de la «grandeur» francesa.

Diseñada en 1757 por Jacques Gabriel, arquitecto de Luis XV, se construyeron edificios sólo en uno de los lados de la plaza, a fin de permitir la vista desde el Palacio de las Tullerías a lo largo de los Campos Elíseos. Irónico destino el de la plaza, ideada por un rey y lugar de celebración de las más importantes ejecuciones durante el periodo posterior a la Revolución de 1789: aquí perdieron la cabeza Luis XVI, María Antonieta, Robespierre…

En la plaza se levnta el famoso obelisco, regalado a Francia en 1829 por el Virrey de Egipto.

CAMPOS ELISEOS

(Metro:  Camps-Elysées    –    Concorde    –    Clemenceau)

En los Campos Elíseos acaba el Tour de Francia y comienza el Maratón de París; en esta enorme avenida se realian las paradas militares, en el día de la Fiesta Nacional Francesa. A unos metros se encuentra el Palais de l’Elysée, residencia de los presidentes de la República.

Pero cuidado, tanta monumentalidad no impide que, signo de los tiempos, aquí y allá encontremos los omnipresentes restaurantes americanos de comida rápida.

ARCO DE TRIUNFO

(Metro.  Charles de Gaulle)

Napoleón ordenó construir este monumental arco como conmemoración de su victoria en Austerlitz. Mide 50 m. de altura y 45 m. de ancho. En el Arco están grabados los nombres de las grandes victorias militares de Francia, así como los nombres de centenares de oficiales distinguidos de las guerras napoleónicas.

Y si aún nos queda un rato….

CEMENTERIOS DE PARIS

Pues sí, un cementerio es un cementerio, pero hay muchos que merecen ser visitados. En París, de hecho, hay dos:

      1. Cementerio Père-Lachaise  

          (Metro:  Pére-Lachaise)

       Debe su nombre al confesor de Luis XIV, en su día propietario de los terrenos. Fue inaugurado en 1804 y diez años después sólo albergaba dos mil tumbas. Alguien pensó: ¿y si trasladamos al cementerio a algunas celebridades? Inteligente iniciativa de marketing funerario que lleva ya dos siglos de éxito. Entre las tumbas famosas que acoge (por orden más o menos cronológico):  Eloísa y Abelardo   –  Molière  –  La Fontaine  –  Chopin  –  Oscar Wilde  –  y la siempre homenajeada, visitada, florida tumba de Jim Morrison, cantante de The Doors.

     2. Cementerio de Montparnasse 

         (Metro: Edgar Cluinet)

     Sin alcanzar la fama del Père-Lachaise, aquí están enterrados Baudelaire,  Sartre,  Simone de Beauvoir,  y Brancusi (éste, rodeado de varias de sus esculturas, lo que siempre constituye un valor añadido.)



Guía de Oporto

Oporto, segunda ciudad de Portugal, no es una ciudad monumental al uso. Hay ciudades que muestran su grandeza con generosidad, a manos llenas, en edificios y monumentos fastuosos. El encanto de Oporto, en cambio, se extiende de manera discreta y elegante por toda la ciudad antigua. Hay que recorrer la ciudad con los sentidos bien despiertos para disfrutarla plenamente. Te ayudamos a hacerlo con unas cuantas informaciones que esperamos te sean de utilidad.

Oporto desde el Duero. Fotografía de Richard Mcall

Los orígenes de Oporto se remontan a un asentamiento romano, en el terreno elevado a orillas del Duero que hoy ocupa la Catedral. Elevada a la categoría de diócesis en el periodo visigodo, fue tomada por los árabes en el S. VIII, y recuperada por Vimara Peres a finales del S. IX. La ciudad se llamó Cale en sus primeros tiempos, y luego Portucale, y… bueno, ahí está el origen del nombre del país.

El apogeo de Oporto se debe a dos factores esenciales: su activo puerto, que favoreció el comercio con el resto de Europa, y el gusto que los europeos (principalmente los ingleses) tomaron por el vino del país. La ciudad se ha desarrollado a partir de la ciudad antigua, que se extiende desde el río, colina arriba, hasta la Catedral y sus alrededores.

Vamos a trazar un recorrido para conocerla.

Barrio de la Catedral

En esta zona se encuentran muchos de los monumentos más interesantes de Oporto. A la sombra de la Catedral se extiende Barredo, un barrio de calles estrechas y laberínticas que conserva el trazado medieval. Aquí se establecen mercadillos callejeros muy animados, y merece l pena bajar hasta el puerto paseando (y perdiéndose un poquito) pos sus calles.

La Catedral (o ) fue construida como iglesia y fortaleza en el S. XIII, época de la que se conserva el rosetón de la fachada oeste. El edificio ha conocido numerosas modificaciones a lo largo de su historia, por lo que falta unidad de estilo. Por el crucero sur se accede al Claustro del siglo XIV y a la Capilla de Sao Vicente. A la puerta de la catedral se abre una amplia plaza, el Terreiro da Sé, con unas vistas preciosas de la ciudad. En una esquina de la plaza se levanta una picota manuelina, rematada con garfios.

  Arquitectura manuelina: escuela que floreció durante el reinado de Manuel I, es una variedad de gótico tardío específicamente portuguesa.. Abundan los motivos marineros, influencia de la época de los descubrimientos y las conquistas de los navegantes portugueses. La decoración es abundante y muy elaborada. Las representaciones máximas de este estilo es el Convento de Cristo, en Tomar; el pórtico de la Iglesia de Madre de Deus, en Lisboa; y el Claustro Real de Batalla.

En la zona de la catedral se encuentra la estación de Sao Bento, de 1916,  El vestíbulo está decorado con azulejos, obra de Jorge Colaço, que representan escenas históricas y típicas fiestas rurales. Conserva el halo de romanticismo de los antiguos viajes en tren de vapor.

Estación de Sao Bento. José Sánchez

También hay que visitar la iglesia renacentista de Santa Clara.

Barrio de Ribeira

Sigue la orilla del río Duero, con estrechas calles y soportales. Se conservan numerosas casas con fachadas de azulejos, y otras pintadas de colores pastel, que dan al barrio un tono pintoresco.

Barrio de Boavista

Extensión de la ciudad, la larga Avenida de Boavista está rodeada de hoteles, tiendas y edificios de oficinas. Zona comercial de Oporto; en el centro de la Rotonda de Boavista se encuentra la estatua de un león aplastando a un águila (el ejército luso-británico que derrota al águila napoleónico.)

Puente. Fotografía de Richard Mcall

El Centro y la Baixa

Si nos situamos en la Avenida dos Aliados, encontramos en el extremo norte el Ayuntamiento de Oporto. En la Baixa (o parte baja del barrio) se encuentra la Rua Santa Catarina y la Rua Sa Bandeira, elegantes calles comerciales. Entre una y otra está el mercado cubierto de Bolhao, otro punto imprescindible de la ciudad.

En esta zona se encuentra también el Café Majestic, una maravilla perfectamente conservada, con un siglo de antigüedad. Merece la pena detenerse un buen rato en una de sus mesas a tomar un café (o lo que se quiera, tienen una carta muy amplia.)

Palacio de la Bolsa

Rua Ferreira Borges

Abierto de 9,00 a 13,00 h. y de 14,00 a 18,00, ofrece una visita guiada, en distintos idiomas.

Edificado en 1842 sobre el antiguo monasterio de San Francisco. Lo más interesante del edificio es su sala Arabe, inspirada en la Alhambra de Granada, con preciosos arabescos dorados.

Sao Francisco

Situado junto al Palacio de la Bolsa

Abierto de 9,00 a 18,00 h.

Construida en el S. XIV,  el interior de la iglesia fue revestido de madera en el S. XVIII, quedando oculta su estructura inicial. En 1833 un incendio destruyó el claustro y parte de la iglesia (ya hemos visto que sobre ese terreno se levanta el edificio de la Bolsa.)

El altar mayor y los pilares están cubiertos de esculturas que representan ángeles, animales y guirnaldas decorativas, talldos con más de 200 kgs. de oro. Hay que destacar el Arbol de Jesé, que muestra el árbol genealógico de Cristo,  con Jesé, padre del Rey David, en la base, y San José, la Virgen y Jesucristo coronando la talla.

Se pueden bajar a las catacumbas, interesante (y algo estremecedora) visita.

Igreja dos Congregados

Iglesia del S. XVII con la fachada cubierta de baldosas, obra de Jorge Colaço, que describen la vida de San Antonio.

Igreja (y Torre) dos Clerigos

Construida en el s. XVIII por Niccolo Nasoni. Tiene adosada la Torre, con 75 metros de altura, uno de los puntos de referencia de Oporto.

Puente de Dom Luis I

Diseñado por el arquitecto Seyrig, uno de los ayudantes de Eiffel (el estilo de la construcción denota la influencia de éste), fue construido en 1886, y tiene 172 m. de largo.

Vila Nova de Gaia

Frente a la parte antigua de la ciudad, al otro lado del río, se encuentra Gaia, con las bodegas de vino de Oporto alineadas y abiertas al visitante. Para entrar en ellas lo mejor es comprar un billete combinado que incluye paseo en barco y visita. Son numerosos los pequeños barcos que ofrecen un recorrido por el Duero, pasando bajo los seis puentes que enlazan los dos lados de la ciudad, y que luego dan la posibilidad de visitar una (o varias) bodegas.

El vino de Oporto:

 Cuando en el S. XVII los comerciantes británicos descubrieron el vino de Oporto se encontraron con una desagradable sorpresa: el vino se avinagraba durante el viaje desde Portugal hasta las Islas. No tardaron en descubrir un método para evitarlo: añadír brandy. Con esto interrumpían el proceso de fermentación de la uva, que conservaba su dulzor natural. Obtenían así un vino dulce con muchos grados, de sabor excelente. El vino de Oporto como hoy lo conocemos.

Se puede decir, por tanto, que el de Oporto es un vino portugués pero un invento británico, algo que se nota en las etiquetas de las bodegas, la mayoría de nombre inglés.

Existen distintos tipos de Oporto.

Blanco: lo hay dulce y seco, se sirve frío, y se toma como aperitivo.

Tawny: de tono rosado y sabor intermedio entre el blanco y el rubí

Rubí: de intenso color rojo, son afrutados y envejecen en madera.

Vintage: el más apreciado, se elabora a partir de la mezcla de los mejores vinos de una misma cosecha.

Alguna información práctica sobre la llegada a la ciudad

Oporto es una de esas ciudades que tienen el buen gusto de comunicar el aeropuerto y el centro de la ciudad de una manera cómoda, rápida y barata.  El Metro (en realidad se trata de un recorrido en superficie; el suelo rocoso de Oporto impide construir un metro subterráneo) une el aeropuerto con la Estación de Trindade (junto a la Avenida dos Aliados) en 30 minutos, por 1,35 €. Ahora bien, si elegís tomar un taxi… Si llegáis en vuestro coche, más vale buscar un buen aparcamiento, pues el trazado de las calles dificulta mucho el tráfico (más si no conoces bien la ciudad) y aparcar es realmente difícil.

Poesía reunida

El amor en los tiempos del whatsapp

Voy a verte. He comprado un billete
de oferta en Ryanair (treinta y nueve
noventa, maleta de cabina).
Y ahora no sé si quiero conocerte
y descubrir el tacto de tu piel,
el color de tu pelo sin filtros
(app gratuita), el sabor de tus besos
inventado, soñado, tan perfecto
en las palabras compartidas de la
pantalla, ahora real, menta
o tabaco o alcohol nocturno.
Quizá no quiera que seamos verdad,
acostumbrado a la seguridad,
a la distancia, al perfecto refugio
del smartphone, cinco pulgadas,
conexión cuatro g y felicidad,
garantía segura de dos años.

 

Insomnio

En mi insomnio cabalgan los potros de la noche.
Me zarandean y vuelo, frágil,
y no llegamos a ninguna parte,
y no me llevan a ningún destino
y me dejan, perdido,
perdido como siempre,
naúfrago y extranjero en las orillas de la mañana.

 

Canción de cuna para una madre que llegó en patera

Duerme, duerme, negrito,
que tu madre está en el campo, negrito.
Duerme, que tu madre ya ha pisado la arena
de la playa, ropa empapada y en los huesos
los cuchillos helados de la alevosa noche.
Duerme, negrito, que tu madre ha cruzado
la arena inabarcable del desierto
y ha surcado el mar, tumba o camino
o ciego pudridero de turistas.
Negrito, duerme, que tu madre ha caído
y ha emergido de los pozos sombríos
de la crueldad y el torpe desamparo.
Duerme, duerme, negrito, que tu madre
ya subasta su carne en las esquinas
desdentadas y romas de la ciudad
o entre las uniformes naves obreras
(28021 Madrid, Polígono Marconi,
treinta euros follar, veinte chupar).
Duerme, rey africano, señor de la sabana,
luz de estrella en los ojos, piel dorada,
duerme y despierta y busca lo que esconde
la tierra de tu madre, más allá
de la decrepitud y de la nada.

 

Necesitamos más telebasura

Para no conversar. Para no vernos
obligados a inventar mentiras,
necesitamos más telebasura.
Necesitamos gritos y colores,
intercambios vacíos de palabras
y voces (sálvame, soy un náufrago).
«Estamos en la puerta de…» y añadimos
el nombre de un torero o un cantante
o un famoso gratuito o una
antigua pareja desengañada
y ácida. Todo nos vale, amor,
si es para proteger nuestro refugio
de silencio en común y aburrimiento.
Ahora prepararé una cena fría
y dos vasos de vino o dos cervezas
sobre la mesa baja del salón,
y seremos felices y lejanos
y sálvame, que voy nadando a ti.

 

Ítaca es una vía de circunvalación

Cada jornada recorro el camino
que me lleva hacia ti. Ocho kilómetros
y medio de arriscada M30.
La M30 es una carretera
redundante que rodea Madrid
(esto lo explico por los forasteros).
Febril, apuro el brío de mi nave,
velero esbelto o Toyota Corolla,
ansioso por hallar el calor de tu
cuerpo, cada hueco secreto de tu
piel, por enlazarme a ti una eternidad
de dos horas o una tarde completa.
El deseo, cronófago feroz,
me llevará a las puertas de la noche.
Agotado, me alejaré de ti
para volver al rincón que me esconde
del tedio, el día y la espera,
salida 7A, calle de O’Donnell.

 

 

Cuchillo

En el amanecer,
un cuchillo de luz
rasga el oscuro velo
que cubrió nuestros cuerpos
durante breves horas                                                                                                              de pasión y silencio.

 

 

Travesía

Nos separa un océano de diez centímetros.
Un abismo, que es un pliegue en la sábana, me aleja de ti,
y un muro se levanta entre nosotros
(de cemento o de acero o de silencio)
que yo no sé romper
y que me aplasta 
con el peso siniestro de su sombra.
Quiero llegar a ti pero no encuentro
vehículo o alas en mi espalda
que me lleven, 
explorador eterno,
a la costa contraria de tu cama.

 

 

Limpiacristales

Había tanto amor en esta casa.
Mano con mano limpiábamos cristales
(Vileda y Cristasol, nada de marca blanca:
era amor de verdad),
pulíamos el tablero de la mesa,
las patas de las sillas, los espejos,
lo lustrábamos todo.
Nos gustaba la vida cotidiana.
Apenas cocinabas ocho o diez platos
pero estaban ricos y luego,
entre las sábanas,
tu piel olía a salsa
y a crema de Nivea.
Había amor en la casa
cuando estabas en ella.
Un día te marchaste (o te eché,
o te expulsó mi vida incompartible).
Ahora recorro las habitaciones
y todo es ruina sin grandeza,
mugre y silencio y lejía del chino,
vino barato y latas de conserva.

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Presentación de la novela Sangre de bellota, de Nacho Herranz

Prsentación de Sangre de bellota en Cervantes & Cia.

El viernes 25 de febrero se ha presentado en la librería Cervantes & Cia (¡nos encanta este sitio!) la novela Sangre de bellota, de Nacho Herranz (reconocido redactor publicitario, ahora novelista, y mi hermano de toda la vida).

La librería llena a más no poder, todos los ejemplares vendidos, el vino estupendo, la presentación muy divertida… deseando que se publique la segunda parte por darnos el gusto de presentarla, vamos.

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